A pesar de estar durante dos años por fuera de las Grandes Ligas, Dónovan Solano nunca perdió la esperanza de regresar. En todo ese tiempo trabajó sin descanso, entregándose al máximo, pero las puertas de la Gran Carpa no se le abrían. Varias veces le preguntó a su esposa qué más tenía que hacer para que lo volvieran a llamar. Se cuestionaba por qué jugar bien no era suficiente para convencer a los dirigentes de que lo tomaran de nuevo en cuenta.

Pero, como hombre de fe que es, Dónovan piensa que Dios le abrió las puertas en el momento perfecto. “He visto cómo Dios siempre me ha respaldado, es mi amigo, siempre me ha ayudado y sin Él no hubiera logrado nada en mi vida, Yo nunca me creí un gran deportista, pero Dios lo ha hecho conmigo. Me ha dado todo dentro y fuera del terreno de juego, ha mejorado todo para mí, mis números y mi carrera. Es todo en mi vida”, asegura el pelotero barranquillero de los Gigantes de San Francisco.

Confiesa que el día en que se produjo el llamado lloró de la emoción y considera que ese momento fue más hermoso que aquel cuando fue ascendido por primera vez, en 2012, por los Marlins de Miami. “Estaba en Triple A y no me esperaba que me volvieran a llamar, pero este fue un proceso grande en mi vida, dos años de aprendizaje y de testimonio de parte de Dios. Era necesario pasar por eso para ser la persona que soy hoy”, reconoce.

Dónovan, quien este lunes fue proclamado como el Deportista del Año de Acord Atlántico, realizó una gran campaña, por segundo año consecutivo, con los Gigantes de San Francisco. El barranquillero terminó con un promedio ofensivo de .326, el quinto mejor de la Liga Nacional. Para 2021 tiene claro cuáles son sus metas, que no tienen nada que ver con números y averages.

“Quiero mantenerme saludable, ser mejor cada día, mantener lo que he venido haciendo y ayudar al equipo a llegar a los playoffs, disfrutar una postemporada, ya que todavía no he podido y es un sueño que tengo”, afirma el pelotero de 33 años.

Solano confiesa estar viviendo el mejor momento de su carrera y resalta que hacerlo a su edad es algo muy difícil. Por este motivo se enorgullece de que su caso sirva como ejemplo para las nuevas generaciones de beisbolistas.

De este año atípico por la pandemia, Dónovan ha tratado de sacar la mejor enseñanza posible. Reconoce que lo más duro fue mantenerse alejado de la familia, acostumbrarse a usar tapabocas y cumplir con los protocolos de bioseguridad.

“Este año ha sacado lo mejor de nosotros, nos ha obligado a estar en nuestras casas, hemos aprendido a sobrevivir y ver qué tan talentosos somos. Este año todos los atletas lo recordaremos por siempre”.

Como buen barranquillero aspira a volver a jugar nuevamente en La Liga Profesional de Béisbol de nuestro país y en el estadio Édgar Rentería. “Hay posibilidades de jugar aquí en ese estadio y que me vea la gente que me vio salir de aquí. Creo que están haciendo las cosas bien porque no han salido positivos en los equipos a pesar del riesgo que existe”.

Del mismo modo, brillar en la ciudad donde Édgar Rentería dejó huella, es para Dónovan un gran compromiso. “En San Francisco siempre me hablan de la esencia humilde de Rentería. Nos ha representado muy bien y es una gloria para los fanáticos de los Gigantes”, concluyó.

En la ceremonia de Acord Atlántico, Luis Patiño, lanzador de los Padres de San Diego, recibió Mención de Honor como Deportista del Año; Luis Felipe Urueta, coach de banca de los Diamondbacks de Arizona, fue escogido como el mejor entrenador, y Nabil Crismatt, nuevo lanzador de los Padres de San Diego, ganó en la categoría de Revelación.